Iyali significa «familia» en hausa y «corazón de tierra» en azteca. Ambas definiciones nos inspiran para dar nombre a este proyecto, que nace con el propósito de difundir los beneficios de la mediación humanista y ofrecer un espacio de cuidado y apoyo a las personas y sus relaciones.
Una iniciativa que nace del deseo de crear un espacio de comunicación seguro, basado en la igualdad y el respeto, sin juicios, que facilite el encuentro y nos permita reconectarnos con nosotras mismas y con los demás.
Los conflictos forman parte de la vida. No siempre podemos evitarlos, pero sí podemos aprender a atravesarlos de otra manera.
Por eso entiendo la mediación no solo como una herramienta para resolver conflictos, sino también como un espacio que puede ayudarnos a comprender lo que está ocurriendo, escuchar otras perspectivas y recuperar la capacidad de tomar decisiones sobre aquello que nos afecta.
Para que nadie decida por ti.
La infancia ha estado en el centro de mi recorrido profesional desde el principio.
Mi interés por los niños y las niñas, por sus formas de expresarse, de aprender, crecer y relacionarse, me llevó inicialmente hacia la educación y el juego. Mi experiencia en educación creadora, junto a Miguel Castro y Vega Martín, en Diraya Expresión, despertó especialmente mi interés por el valor del juego como forma de expresión, comunicación y aprendizaje.
Con el tiempo fui descubriendo que acompañar a un niño o a una niña implica también mirar sus vínculos y el entorno en el que crece. Así fui acercándome cada vez más a las relaciones familiares, la parentalidad y los conflictos que pueden surgir dentro de la familia.
La mediación apareció entonces como una forma de acompañar esas relaciones desde otro lugar: ayudando a las personas adultas a escucharse, comprenderse y participar en las decisiones que afectan a sus hijos e hijas.
Desde entonces, infancia, familia y relaciones han seguido siendo los cauces por los que discurre mi recorrido profesional.
En Iyali trabajo desde una mirada humanista y relacional.
Esto significa que no entiendo a las personas separadas de sus vínculos, de su historia ni del contexto en el que viven. Un conflicto familiar no suele ser únicamente un problema que hay que solucionar: detrás puede haber necesidades, emociones, experiencias previas y diferentes maneras de entender el cuidado y las relaciones.
Por eso, además de atender a aquello que ocurre entre las personas, me interesa comprender cuales son los elementos que conforman el conflicto y que pueden ayudar a transformarlo.
Parto del respeto a la experiencia de cada persona, de la escucha activa y de la confianza en su capacidad para analizar, decidir y encontrar sus propios recursos.
Mi formación incluye diferentes enfoques humanistas del acompañamiento personal, entre ellos la psicoterapia rogeriana, la comunicación centrada en la persona (escucha activa) y Gestalt.
Incorporo la perspectiva de género como una herramienta para observar cómo los roles, las expectativas sociales, la distribución de los cuidados, las responsabilidades y las posibles desigualdades de poder pueden estar influyendo en las relaciones y en los conflictos.
No se trata de decidir quién tiene razón ni de atribuir un conflicto al género, sino de ampliar la mirada para que aquello que condiciona las relaciones pueda ser reconocido y tenido en cuenta.
Algunas experiencias pueden afectar profundamente a nuestra manera de relacionarnos, de sentirnos seguros y de afrontar los conflictos.
Mi formación en Somatic Experiencing® me ha permitido incorporar una mirada psicobiológica a los procesos emocionales y relacionales, prestando atención a cómo el cuerpo y el sistema nervioso participan en nuestra manera de vivir y afrontar situaciones difíciles.
Cuando un conflicto afecta a niños, niñas o adolescentes, sus necesidades y su bienestar ocupan un lugar especialmente importante.
Considero fundamental que puedan ser tenidos en cuenta y que las decisiones de las personas adultas protejan su desarrollo, sus vínculos y su derecho a crecer en un entorno seguro.
La mediación es el eje profesional desde el que nace Iyali.
Mi formación profesional parte de la Mediación Comunitaria y posteriormente se ha especializado en diferentes ámbitos relacionados con la familia, la parentalidad y los conflictos relacionales.
Cuento con el Certificado de Profesionalidad de Mediación Comunitaria (SSCG0209) y con formación específica en mediación comunitaria y familiar en la UNED, así como formación especializada en prevención de la violencia familiar y coordinación parental.
La mediación me ha llevado a entender el conflicto no solo como algo que hay que resolver, sino también como una oportunidad para aprender a comunicarnos de otra manera y participar activamente en las decisiones que afectan a nuestra vida y nuestras relaciones.
Por eso entiendo la mediación como un proceso también pedagógico y relacional, en el que la escucha activa, el diálogo y la participación de las personas tienen un papel fundamental.
No todas las dificultades necesitan lo mismo.
En algunas situaciones puede ser útil la mediación familiar, cuando existe un conflicto entre personas que necesitan encontrar una forma de dialogar y tomar decisiones.
En otras, puede ser más adecuada la orientación familiar cuando madres, padres u otras figuras de cuidado necesitan comprender mejor lo que está ocurriendo, conocer las necesidades propias de las diferentes etapas del desarrollo y encontrar nuevas herramientas para acompañar a niños, niñas o adolescentes en la convivencia cotidiana.
En situaciones de mayor complejidad en la relación entre progenitores puede ser útil la coordinación parental, entendida desde un encuadre de acompañamiento y orientación familiar.
Y existen también momentos en los que una persona necesita un espacio propio para comprender lo que está viviendo, explorar sus emociones y recuperar recursos. En estos casos ofrezco acompañamiento emocional y relacional, desde mi formación humanista, Gestalt, Somatic Speriencing y en Terapia de Juego.
Cada una de estas formas de acompañamiento tiene su propio objetivo y sus propios límites.
Creo que una buena relación de ayuda comienza por saber desde dónde podemos acompañar y cuándo necesitamos contar con otros profesionales.
Llevo más de quince años acompañando a niños, niñas, adolescentes y a sus familias en diferentes espacios de juego y comunicación, siempre en condiciones de aceptación, no juicio y escucha activa, lo que permite a las personas ponerse en contacto consigo mismas, conocerse y desarrollarse a su propio ritmo.
Mi experiencia como mediadora familiar y mi recorrido en el ámbito de la infancia y las relaciones familiares, me permiten abordar los conflictos y las dificultades desde una mirada amplia, teniendo en cuenta tanto a las personas como a los vínculos y al contexto en el que se desarrollan.
Cuando una situación requiere atención psicológica o sanitaria, considero importante reconocerlo y facilitar, cuando sea necesario, la derivación o coordinación con los profesionales correspondientes.
El acompañamiento emocional y relacional que ofrezco no sustituye a la atención psicológica o sanitaria cuando esta sea necesaria.
Acompañar no significa decidir por otra persona qué debe hacer, ni imponer una única manera de entender lo que le ocurre. Significa crear un espacio donde pueda sentirse escuchada, comprender mejor su experiencia, descubrir recursos y participar activamente en las decisiones que afectan a su vida y a sus relaciones. Ese es el lugar que quiero ofrecer desde Iyali: Un espacio para comprender, dialogar y construir.